Cansancio y mucho sueño: Posibles causas y cuándo consultar al médico

Cansancio y mucho sueño

Hay mujeres que viven en un estado de agotamiento constante. Se despiertan cansadas, arrastran el día con la sensación de que el cuerpo pesa el doble y por la noche no duermen bien, aunque duerman muchas horas. Escuchan comentarios como “es falta de forma física”, “es que no paras”, “será estrés”. Pero cuando este cansancio profundo viene acompañado de pesadez en las piernas, dolor al tacto en muslos o rodillas y tendencia a hacer moratones con facilidad, debemos pensar en algo más específico: lipedema.

El lipedema no es “acumulación de grasa”. Es una enfermedad del tejido conectivo (tejido conjuntivo) dependiente de hormonas femeninas, casi exclusiva de mujeres, que afecta sobre todo a las extremidades inferiores y en algunos casos también a los brazos. Ese tejido se vuelve doloroso, sensible a la presión, inflamado y mecánicamente pesado. Pero la clave no está solo en cómo cambian las piernas. La clave de por qué te notas agotada todo el día está en otro sitio: el intestino.

El origen sistémico del cansancio en el lipedema: el intestino

En el lipedema hay siempre hiperpermeabilidad intestinal. ¿Qué significa esto? Que la barrera intestinal —que debería filtrar de forma muy estricta qué pasa a la sangre— está alterada. Esa alteración permite el paso continuo de fragmentos de alimentos, moléculas proinflamatorias y componentes bacterianos a la circulación.

Ese “goteo” constante no genera una infección aguda, no da fiebre, no es algo que te deje en la cama un día. Lo que produce es algo más sutil, pero mucho más persistente: una subinflamación crónica. Es decir, una inflamación sistémica de bajo grado, mantenida las 24 horas del día.

Este punto es crítico:

  • La subinflamación crónica es el motor de la fatiga extrema.
  • Es la responsable de esa sensación de “estoy fundida incluso antes de empezar el día”.
  • Está detrás del sueño no reparador (“duermo, pero me levanto igual o peor”).
  • Explica la niebla mental, la falta de energía y la sensación de cuerpo pesado general.

Esto no es psicológico. No es actitud. Es fisiología inflamatoria sostenida por la hiperpermeabilidad intestinal. En otras palabras: en el lipedema, el intestino es el desencadenante inflamatorio central.

¿Por qué noto las piernas como si pesaran plomo?

A la subinflamación crónica se le suman otros factores que no son secundarios en intensidad, pero sí en origen:

  1. Sobrecarga mecánica.
    El aumento de volumen en muslos, rodillas, caderas o tobillos cambia la forma en la que caminas, te mantienes de pie y subes escaleras. Eso obliga a que músculos y articulaciones trabajen constantemente en sobreesfuerzo. Es como llevar peso extra todo el día incluso para tareas simples. Ese esfuerzo mantenido agota.
  2. Hiperlaxitud ligamentosa.
    Muchas pacientes con lipedema presentan lo que llamamos enfermedad del espectro de la hiperlaxitud ligamentosa: ligamentos más laxos y articulaciones menos estables. Esto se traduce en rodillas inestables, tobillos que “ceden”, sobrecarga lumbar y molestia cervical. Cuando una articulación no es estable, la musculatura tiene que hacer de estabilizador todo el día. Eso produce dolor mecánico crónico y fatiga postural acumulada.
  3. Congestión flebo-linfática.
    En fases más avanzadas, el retorno venoso y linfático se vuelve menos eficiente. No siempre hablamos de linfedema clásico, pero sí de congestión. Las piernas se sienten tensas, hinchadas, calientes o “a punto de explotar” al final del día, sobre todo con calor o muchas horas de bipedestación. Esa sensación de presión interna intensa se interpreta muchas veces como “estoy muerta, necesito tumbarme ya”. No es sueño real. Es la necesidad del cuerpo de descargar volumen y presión de las piernas.

Estos factores (sobrecarga mecánica, hiperlaxitud, congestión flebo-linfática) agravan muchísimo tu fatiga. Pero lo que los hace insoportables y constantes es el ruido inflamatorio de fondo que viene del intestino.

¿Por qué duermo pero no descanso?

Cuando hay una subinflamación crónica de bajo grado sostenida por la hiperpermeabilidad intestinal, el sistema nervioso nunca entra realmente en “modo reparación profunda”. El cuerpo está en una especie de respuesta de alerta metabólica continua. Eso se traduce en:

  • sueño superficial, fragmentado,
  • despertares frecuentes o sensación de sueño muy ligero,
  • levantarte rígida, pesada y ya cansada.

Esto es típico en lipedema y, durante años, se les ha dicho a estas mujeres que lo que tienen es estrés. No es solo estrés. Es inflamación sistémica mantenida.

¿Se puede mejorar?

Sí. Pero la estrategia tiene que ser médica y específica. No sirve el mensaje clásico de “haz más ejercicio y come mejor”, porque eso culpabiliza a la paciente y simplifica una enfermedad compleja del tejido conectivo y de la biología inflamatoria.

El abordaje clínico serio del cansancio en lipedema incluye:

  1. Modular la hiperpermeabilidad intestinal.
    La nutrición aquí no es “dieta para adelgazar”. Es intervención antiinflamatoria dirigida a cerrar, en la medida de lo posible, esa puerta intestinal que mantiene la subinflamación crónica. Ajuste de ciertos grupos de alimentos, reducción de estímulos que disparan permeabilidad y trabajo digestivo individualizado. Cuando baja la subinflamación, baja el cansancio global y mejora la calidad del sueño.
  2. Soporte linfático y venoso.
    Fisioterapia especializada, trabajo linfático, descarga dirigida de las zonas más congestionadas. Esto reduce la sensación de piernas de plomo al final del día y mejora la tolerancia a estar de pie.
  3. Estabilidad articular y fuerza funcional.
    Ejercicio terapéutico adaptado (bajo impacto, controlado), con foco en tobillos, rodillas, cadera y zona lumbar. El objetivo no es quemar calorías. El objetivo es que tu cuerpo deje de estar luchando para sostenerse cada minuto.
  4. Tratamientos médicos sobre el tejido afectado.
    Intervenciones ecoguiadas específicas sobre las áreas de lipedema más dolorosas y sobrecargadas, con el fin de reducir volumen localizado, aliviar el dolor y descargar mecánicamente las articulaciones y la fascia.

Si estás cansada todo el día, duermes mal, notas las piernas pesadas, dolorosas y tensas, y sientes que tu cuerpo va “en reserva”, no es que seas débil. En el lipedema hay un origen claro: hiperpermeabilidad intestinal → subinflamación crónica → fatiga sistémica. Sobre esa base inflamatoria se montan la sobrecarga mecánica, la hiperlaxitud ligamentosa y la congestión flebo-linfática.

Detectarlo a tiempo y tratarlo de forma dirigida no es estética. Es calidad de vida, energía diaria y preservación de tu movilidad futura.

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