La sensación persistente de febrícula prolongada y cansancio es uno de los síntomas que más inquietan y menos se explican. Muchas mujeres con lipedema describen algo que el termómetro no siempre confirma: una sensación constante de frío en manos y pies que no cede con ropa de abrigo, que está ahí en verano y en invierno, que lleva años presente sin explicación. A esto se añade un agotamiento que no mejora con el descanso.
Cuando esto se prolonga durante semanas o meses, no debe normalizarse. En Clínica Simarro abordamos estos cuadros desde una perspectiva diagnóstica amplia, porque pueden estar relacionados con la disfunción de la microcirculación, la subinflamación crónica, alteraciones tiroideas o con el lipedema, una enfermedad que muchas veces pasa desapercibida durante años.
Febrícula o distermia: una distinción importante
Antes de analizar las causas conviene aclarar un concepto que se confunde con frecuencia. La febrícula es una elevación real y medible de la temperatura que el termómetro confirma. En el lipedema, la febrícula real es poco habitual.
Lo que sí es muy frecuente es la distermia: la sensación subjetiva de temperatura alterada sin que el termómetro lo refleje. Y en el lipedema, esa distermia es predominantemente de tipo frío. La pregunta clínica más orientadora es simple: ¿eres una friolera crónica? Muchas pacientes responden que sí, que llevan toda la vida con los pies fríos, que en verano les cuesta entrar en el agua, que necesitan calcetines cuando los demás no los necesitan.
Esta sensación no es una manía. Tiene una explicación biológica concreta relacionada con la disfunción de la microcirculación que caracteriza al lipedema.
En raras ocasiones aparece el patrón contrario: sensación de calor cuando los demás no lo tienen. Cuando esto ocurre, hay que valorar la histaminosis como causa, ya que la histamina acumulada en sangre produce vasodilatación y esa sensación de calor interno que algunas pacientes describen.
Por qué el lipedema altera la regulación térmica
En el lipedema, la grasa invade el compartimento safeno y comprime la microcirculación periférica. El resultado es que manos y pies reciben menos flujo sanguíneo del necesario y se mantienen fríos de forma crónica.
A esto se suma la subinflamación crónica sistémica, alimentada por la hiperpermeabilidad intestinal presente en prácticamente el 100% de nuestras 1.803 pacientes. Esa inflamación sostenida mantiene el sistema inmune en alerta permanente y contribuye al malestar general difuso que acompaña a la distermia.
La fatiga que no descansa
El cansancio crónico que acompaña a estos síntomas no es casual. La subinflamación crónica consume energía de forma continua. El sistema inmune trabajando sin parar, las toxinas bacterianas circulando por el organismo, los tejidos inflamados: todo ello genera un gasto energético sostenido que se traduce en fatiga que no mejora con el sueño ni con el descanso.
Muchas de estas pacientes han recibido diagnósticos de síndrome de fatiga crónica o fibromialgia. Nuestra hipótesis clínica es que en una parte significativa de los casos la causa orgánica existe y es la subinflamación crónica del lipedema. Cuando se trata esa causa, la fatiga cede.
Alteraciones tiroideas: por qué la analítica no es suficiente
En nuestra cohorte de 1.803 pacientes, el 59,5% presentaba patología tiroidea y el 88,7% mostraba nódulos tiroideos en la ecografía. Estas cifras son significativamente más altas que las reportadas en otros estudios sobre lipedema, y hay una razón concreta: en Clínica Simarro realizamos ecografía tiroidea sistemática a todas las pacientes, no solo analítica de sangre.
Esta diferencia metodológica es fundamental. Un tiroides que empieza a dañarse puede tener las hormonas tiroideas —T3, T4, TSH— completamente dentro del rango normal en la analítica. Si solo se pide sangre, el informe dirá que el tiroides está bien. Pero si se realiza una ecografía, ya se ven los nódulos, los cambios estructurales, la vascularización aumentada: el daño incipiente que la analítica todavía no detecta.
Por eso tantas pacientes llevan años con sensación de frío crónico, fatiga y lentitud general sin que nadie haya encontrado nada alterado en sus análisis. El problema estaba en el tiroides, pero no se había mirado con la herramienta adecuada.
El hipotiroidismo produce exactamente esa combinación de síntomas que se solapan con la distermia fría del lipedema: frío permanente, fatiga intensa, lentitud general, dificultad para perder peso. Ambas condiciones pueden coexistir y reforzarse mutuamente. Ante cualquier paciente con distermia y cansancio prolongado, la ecografía tiroidea es imprescindible, no opcional.
Cuándo la situación requiere valoración urgente
Pérdida de peso involuntaria, sudoración nocturna intensa, ganglios inflamados, dolor articular persistente o alteraciones analíticas previas son señales de alerta que exigen descartar causas graves. Cuando el malestar térmico y el cansancio interfieren en la vida diaria durante semanas, no deben ignorarse.
Cómo lo abordamos en Clínica Simarro
Realizamos una valoración integral que incluye analítica completa con marcadores inflamatorios, ecografía tiroidea, evaluación de composición corporal mediante bioimpedanciometría y valoración clínica para identificar lipedema y descartar otras causas.
Cuando existe lipedema, la fase de tratamiento activo combina la Lipomesoplastia M.S.E. © (Múltiple, Simétrica y Ecoguiada) con una dieta cetogénica antiinflamatoria que reduce la carga inflamatoria sistémica y repara la barrera intestinal. Al mejorar la microcirculación y reducir la inflamación, la distermia y la fatiga mejoran de forma progresiva. Una vez conseguida la mejoría, el estilo de comida no inflamatorio mantiene los resultados de forma sostenible.
Si llevas tiempo con sensación de frío crónico y agotamiento que no mejora, en el Instituto del Lipedema podemos ayudarte a encontrar el origen real. Contáctanos.
En una primera valoración te orientamos, resolvemos dudas y te explicamos opciones de tratamiento según tu caso.



