Hipertiroidismo y dolor de piernas: ¿Cómo se relacionan y qué hacer?

Hipertiroidismo y dolor de piernas

La relación entre el hipertiroidismo y dolor de piernas no es casual. Muchas pacientes consultan por fatiga muscular en las piernas, calambres, sensación de quemazón en muslos o pantorrillas, inestabilidad al bajar escaleras o una pesadez dolorosa al final del día. La respuesta rápida suele ser: “puede ser circulación”, “puede ser cansancio”, “puede ser la tiroides”. Pero en clínica real, especialmente en mujeres con sospecha de lipedema, la historia es más compleja y necesita ser leída completa.

En Clínica Simarro sabemos que el hipertiroidismo es un exceso de hormonas tiroideas circulantes. Acelera tu metabolismo y puede provocar pérdida de peso, taquicardia, temblor fino y una sensación interna de aceleración física constante. También puede producir debilidad y dolor muscular, sobre todo en las piernas: el músculo se fatiga antes de tiempo y duele con esfuerzos que antes tolerabas.

Sin embargo, no todo lo que parece hipertiroidismo clásico es “hipertiroidismo de libro”. En algunas mujeres, lo que hay debajo es una tiroiditis autoinmune (enfermedad de Hashimoto) en fase inicial. Esta fase puede debutar con un exceso de hormona tiroidea en sangre porque la glándula tiroidea inflamada “pierde” hormona hacia la circulación. Es decir: un hipertransitorio causado por destrucción tiroidea inflamatoria. A este inicio hiper de la tiroiditis de Hashimoto lo llamamos hashicosis (o hashitoxicosis). Esto importa porque la hashicosis no es un hipertiroidismo funcional puro, sino una fase inflamatoria autoinmune. Cuando vemos hipertiroidismo, no basta con medir TSH y T4: hay que estudiar anticuerpos antitiroideos.

Y aquí es donde se une todo con el dolor de piernas y el lipedema.

¿Por qué las piernas duelen en estos cuadros?

Hay varios mecanismos que pueden coexistir:

  1. Efecto muscular-metabólico del hipertiroidismo.
    En un exceso de hormonas tiroideas (incluida la hashicosis), el músculo entra en catabolismo acelerado. Las fibras musculares consumen energía de forma prematura y pierden capacidad de sostén. Clínicamente, esto se nota como:
  • debilidad en las piernas,
  • calambres o sensación de “quemazón interna”,
  • fatiga precoz al subir escaleras o al estar de pie mucho rato,
  • “flojera” al incorporarse desde cuclillas.

Es decir, el músculo no está rindiendo con normalidad porque el entorno hormonal lo está quemando.

  1. Inflamación sistémica y sensibilización del tejido conectivo.
    Tanto el hipertiroidismo (incluida la hashicosis) como el lipedema se asocian a estados inflamatorios de base. En el lipedema, esta inflamación sistémica procede de un eje muy claro que consideramos nuclear:
  • Hiperpermeabilidad intestinal → la barrera intestinal se vuelve demasiado permeable.
  • Esa permeabilidad permite la entrada de señales proinflamatorias al torrente sanguíneo.
  • Esto mantiene una subinflamación crónica de bajo grado sostenida 24h.
  • Esa subinflamación afecta al tejido conectivo, al drenaje linfático y a la percepción del dolor.

Cuando ese tejido conectivo está inflamado, las piernas se sienten pesadas, congestionadas, dolorosas al tacto y con tendencia a hematomas fáciles. Esta sensación de “me pesan las piernas y me duelen a presión” es típica del lipedema, y se intensifica cuando hay otra fuente de inflamación activa, como una tiroiditis autoinmune.

  1. Inestabilidad mecánica del tren inferior en lipedema.
    El lipedema no es solo volumen en las piernas. Es una patología del tejido conjuntivo que afecta al retorno venoso y linfático y que, además, produce hiperlaxitud ligamentosa. Esto tiene consecuencias mecánicas reales:
  • tobillos que ceden con facilidad y “se tuercen” a menudo sin llegar a esguince real (el ligamento es tan laxo que permite la torsión sin romperse),
  • rodillas inestables en flexión, donde la rótula no sigue bien su carril y empieza a desgastar el cartílago retropatelar (condromalacia rotuliana: dolor al arrodillarse, dolor al bajar escaleras, dificultad para levantarse desde cuclillas sin agarrarse),
  • sobrecarga lumbar y de cadera para compensar esa inestabilidad.

Ese componente mecánico genera dolor de piernas crónico, incluso en reposo prolongado. Y si a eso le añadimos debilidad muscular secundaria a un cuadro tiroideo inflamatorio, la pierna ya no solo duele: falla.

¿Dónde encaja el tiroides en el lipedema?

En nuestro modelo clínico, el lipedema tiene cuatro ejes causales principales:

  1. Herencia familiar, con clara prevalencia paterna: según nuestros datos internos, en torno al 72% de los casos de lipedema siguen vía paterna y el 28% vía materna. Suele ser la abuela paterna la que expresa el fenotipo claro con los años, mientras que el padre puede portar la predisposición sin manifestar el cuadro.
  2. Hormonas femeninas (estrógenos y progestágenos), que explican por qué prácticamente afecta solo a mujeres y por qué empeora en pubertad, embarazo, anticoncepción hormonal y perimenopausia.
  3. Hiperpermeabilidad intestinal → subinflamación crónica sistémica. Esto explica el cansancio profundo, el sueño no reparador, la distensión abdominal, el tránsito intestinal alterado tipo síndrome de intestino irritable y la necesidad compulsiva de saciedad hedónica con carbohidratos refinados.
  4. Patología del tejido conjuntivo, que afecta drenaje venoso y linfático, da lugar a pesadez dolorosa de piernas, tendencia a hematomas y genera hiperlaxitud ligamentosa en el tren inferior.

Ese mismo eje de hiperpermeabilidad intestinal y subinflamación crónica se asocia con fenómenos autoinmunes. Uno de los más frecuentes es la tiroiditis autoinmune (Hashimoto). Y aquí vuelve la pieza: el síndrome de Hashimoto no siempre empieza como hipotiroidismo lento; a veces debuta con una fase de hiper, la hashicosis. Es decir: algunas pacientes llegan a consulta con “hipertiroidismo”, dolor de piernas y fatiga extrema, y lo que realmente tienen es tiroides autoinmune en fase activa más lipedema subdiagnosticado.

Por eso, cuando evaluamos un cuadro de “hipertiroidismo + dolor de piernas”, no nos basta con una TSH/T4. Siempre solicitamos anticuerpos antitiroideos (por ejemplo, anti-TPO, anti-tiroglobulina) y hacemos ecografía tiroidea. La ecografía es clave porque estas alteraciones pueden no aparecer aún en una analítica superficial.

¿Qué hacer con el hipertiroidismo y dolor de piernas?

Nuestro abordaje terapéutico combina varias líneas de actuación:

  1. Estudio tiroideo completo, no parcial.
    Si hay signos de hipertiroidismo, confirmamos si se trata de un hipertiroidismo clásico o de una hashicosis (fase inicial inflamatoria de Hashimoto). Esto incluye analítica hormonal y autoinmune, y ecografía tiroidea. Detectar autoinmunidad precoz cambia la estrategia.
  2. Control de la subinflamación crónica.
    En pacientes con lipedema, la hiperpermeabilidad intestinal mantiene la inflamación sistémica y amplifica dolor, pesadez y fatiga. La nutrición terapéutica antiinflamatoria personalizada no es “ponerte a dieta”; es bajar la inflamación basal, mejorar la barrera intestinal y con ello mejorar energía, motilidad intestinal y tolerancia al esfuerzo.
  3. Estabilización mecánica del tren inferior.
    Si hay hiperlaxitud ligamentosa, el tratamiento es claro: el músculo tiene que hacer el trabajo que el ligamento no hace. Eso significa:
  • trabajo de fuerza específico y progresivo (por ejemplo, cuádriceps para guiar la rótula y proteger la rodilla),
  • trabajo aeróbico de bajo impacto para mantener resistencia sin castigar articulaciones inestables,
  • y educación postural/mecánica sobre qué movimientos son protectores y cuáles agravan la rodilla, el tobillo o la zona lumbar.
    Nada de impacto agresivo sin control, porque eso acelera la lesión.
  1. Descarga linfática y tejido conectivo.
    Fisioterapia vascular y drenaje linfático manual reducen la congestión y la sensación de “piernas a punto de explotar”. En casos indicados, tratamientos médicos no quirúrgicos dirigidos al tejido adiposo patológico (por ejemplo, Lipo Mesoplastia M.S.E. ©, Lipoxiterapia) ayudan a bajar volumen inflamado, mejorar la función linfática y aliviar el dolor.

“El hipertiroidismo me duele en las piernas” no es una frase absurda. Puede ser real. Pero hay matices importantes:

  • Puede no ser un hipertiroidismo “puro”, sino una hashicosis: el inicio inflamatorio de una tiroiditis autoinmune.
  • Ese proceso inflamatorio tiroideo puede coexistir con lipedema, que ya de base genera dolor, pesadez, inestabilidad mecánica y congestión linfática en las piernas.
  • Ambos procesos comparten un terreno común: inflamación sistémica sostenida.

La conclusión es clara: si tienes dolor de piernas crónico, debilidad al subir escaleras, cansancio que no mejora con dormir y te han dicho que “tu tiroides está acelerada”, necesitas una valoración global, no solo un ajuste hormonal rápido. Identificar si hay hashicosis, si hay lipedema, y si hay subinflamación crónica es lo que permite tratar el origen y devolverte función, energía y control sobre tu cuerpo.

Comparte esta entrada

Contacto con Clínica Simarro

Explorar