La relación entre ovulación y cansancio no es solo “hormonas y ya está”. Para muchas mujeres, especialmente aquellas con sospecha o diagnóstico de lipedema, la ovulación marca unos días en los que aumenta el agotamiento físico, la pesadez de piernas, la inflamación y la sensación de “no me sostengo”. Esto no es falta de fuerza de voluntad ni estrés cotidiano: es una respuesta fisiológica compleja donde interactúan hormonas sexuales, inflamación sistémica, drenaje linfático, dolor de extremidades y, en muchas pacientes, alteraciones del tejido conectivo.
En Clínica Simarro trabajamos con una visión global: la fatiga ovulatoria puede ser una pista clínica de algo más profundo, no solo una molestia cíclica. Entender el origen te permite actuar, en lugar de normalizar el malestar.
La danza hormonal y el cansancio: ¿Qué pasa durante la ovulación?
En torno a la ovulación, el estrógeno alcanza un pico y después desciende de forma brusca, mientras la progesterona empieza a tomar protagonismo. Ese cambio hormonal modifica el estado vascular, la temperatura corporal, la sensibilidad al dolor e, incluso, los patrones de sueño.
En una mujer sin patología añadida, estos cambios pueden traducirse en ligera somnolencia, cambios de humor o bajón energético puntual. Pero en mujeres con lipedema u otros estados inflamatorios crónicos, el efecto puede ser mayor:
- Aumenta la retención de líquido intersticial.
- Se acentúa la percepción de dolor y presión en las piernas.
- Aparece fatiga global (“estoy agotada desde que me levanto”).
- Puede empeorar la niebla mental y la dificultad de concentración.
Esto tiene sentido si entendemos que el tejido conectivo y el tejido graso del lipedema son hormonodependientes. El lipedema está fuertemente modulado por estrógenos y progestágenos, lo que explica por qué la enfermedad casi siempre se expresa en mujeres y por qué suele empeorar en momentos clave hormonales: pubertad, anticonceptivos hormonales, embarazos, perimenopausia.
Además, en nuestras pacientes detectamos con mucha frecuencia lo que llamamos Disfunción Ovárica Inflamatoria: aproximadamente el 68% de las mujeres con lipedema refieren que entre los 12 y los 20 años tenían reglas muy dolorosas, muy abundantes y con ciclos irregulares (no siempre cada 28 días). Más adelante, algunas desarrollan quistes ováricos que a veces se etiquetan erróneamente como “síndrome de ovario poliquístico”, y en etapas posteriores (a partir de los 40) pueden aparecer miomas uterinos, aunque no ocurre en todas. Este patrón sugiere una dominancia estrogénica subclínica, es decir, una situación en la que el tejido está bajo un estímulo estrogénico relativamente alto y la acción efectiva de la progesterona es insuficiente. Esa dominancia estrogénica parece estar alimentada por un terreno de subinflamación crónica.
Por tanto, cuando ovulas, no solo cambian tus hormonas: esas hormonas interactúan con un sistema que, en el lipedema, ya llega inflamado.
Ovulación, lipedema y cansancio profundo: ¿Qué tiene que ver la inflamación?
El lipedema no es solo “acumulación de grasa en las piernas”. Es una enfermedad sistémica del tejido conectivo con cuatro pilares fisiopatológicos que vemos de forma repetida:
- Herencia familiar, mayoritariamente por vía paterna: según nuestros datos, aproximadamente el 72% de los lipedemas se heredan por línea paterna y el 28% por línea materna. Muchas veces la abuela paterna presentó con los años piernas dolorosas y pesadas, aunque el padre no manifieste el cuadro.
- Eje hormonal femenino (estrógenos / progestágenos): condiciona la expresión clínica casi exclusiva en mujeres y explica por qué los síntomas fluctúan con el ciclo menstrual, incluida la ovulación.
- Hiperpermeabilidad intestinal con subinflamación crónica sistémica: en muchas pacientes la barrera intestinal es más permeable de lo que debería. A veces esto está facilitado por intolerancias específicas, como la intolerancia a la caseína (proteína de la leche de vaca), que irrita la mucosa intestinal. Esa hiperpermeabilidad permite la entrada constante de moléculas proinflamatorias en sangre y mantiene una inflamación basal de bajo grado las 24 horas.
- Patología del tejido conjuntivo: el tejido conectivo enfermo dificulta el drenaje venoso y linfático y produce congestión en las piernas, tendencia a hematomas fáciles, dolor a la presión y sensación de pesadez. Además genera hiperlaxitud ligamentosa en el tren inferior: tobillos que “ceden” con facilidad sin llegar a esguince, rodillas inestables con riesgo de condromalacia rotuliana y sobrecarga lumbar para compensar.
Cuando se acerca la ovulación, el pico-estímulo estrogénico sobre un tejido conectivo ya inflamado y congestionado linfáticamente hace que todo se note más: más pesadez, más hinchazón distal, más cansancio, más necesidad de sentarse, más dificultad para subir escaleras o levantarse desde cuclillas sin ayudarte con las manos. Este cansancio no se corrige durmiendo más; es fisiológico y mecánico a la vez.
¿Por qué el cansancio se nota tanto en las piernas?
Porque las piernas están en el centro del problema.
- Congestión linfática y venosa: el retorno de líquidos es peor, y con los cambios hormonales perovulatorios esa retención transitoria puede aumentar. Se siente como tobillos más hinchados al final del día y una presión interna en las pantorrillas y muslos.
- Inestabilidad mecánica: en lipedema con hiperlaxitud ligamentosa, el tobillo cede y la rodilla trabaja fuera de su eje. Esto obliga a la musculatura a compensar todo el rato. Ese gasto energético “postural” constante contribuye a la fatiga.
- Subinflamación crónica sistémica: derivada de la hiperpermeabilidad intestinal, a menudo ligada a alimentos gatillo como la caseína. Esta inflamación basal da lugar a cansancio diurno profundo, sueño no reparador, niebla mental y sensación de “estoy drenada” durante la ovulación.
Muchas pacientes notan además cambios digestivos cerca de la ovulación: hinchazón abdominal, tránsito irregular (estreñimiento uno o dos días seguido de heces más blandas y claras), náuseas leves o saciedad precoz. Eso forma parte del mismo eje intestino-hormonas-tejido conectivo.
¿Cómo aliviar el cansancio y la pesadez en la fase ovulatoria?
Nuestro abordaje es integral porque sabemos que dar solo “descansa y ponte frío” no es suficiente.
- Nutrición antiinflamatoria personalizada
No hablamos de una “dieta estricta”, sino de una intervención terapéutica sobre la inflamación de base. Buscamos:
- Reducir alimentos que disparen hiperpermeabilidad intestinal (por ejemplo, lácteos ricos en caseína en pacientes sensibles).
- Modular la subinflamación crónica que amplifica el dolor y la pesadez en la ovulación.
- Mejorar el tránsito intestinal para disminuir la distensión abdominal, que también empeora la sensación de fatiga.
- Movimiento terapéutico adaptado, no ejercicio agresivo
En esta fase del ciclo es útil el ejercicio de bajo impacto y de bombeo linfático:
- Trabajo en el agua, bicicleta suave, movilidad controlada.
- Activación muscular específica para que el músculo estabilice lo que el ligamento laxo no sujeta (tobillo, rodilla, cadera).
- Evitar impacto alto y sentadillas profundas sin control, porque una rodilla inestable en lipedema puede desarrollar condromalacia rotuliana dolorosa.
El objetivo no es “adelgazar”, es descargar el sistema linfático y mejorar el retorno venoso para que las piernas se sientan menos pesadas.
- Tratamientos dirigidos al tejido conectivo enfermo
En casos de lipedema establecido, empleamos abordajes no quirúrgicos como la Lipo Mesoplastia M.S.E. © o técnicas ecoguiadas sobre el tejido adiposo enfermo. Estos tratamientos buscan reducir volumen inflamado, mejorar el drenaje linfático y disminuir la presión interna en las piernas. Menos congestión = menos dolor cíclico en ovulación. - Monitorización ginecológica funcional
Dado que en torno al 68% de las mujeres con lipedema refieren antecedentes de reglas muy dolorosas, abundantes e irregulares en la adolescencia, y algunas desarrollan quistes ováricos o miomas más adelante, es importante vigilar el eje ovárico-uterino. Ese patrón lo interpretamos como una dominancia estrogénica subclínica (exceso funcional de estímulo estrogénico frente a progesterona) sobre un terreno inflamatorio. Controlar este eje ayuda también a modular los picos de fatiga en la ovulación.
Del cansancio a la vitalidad: Entenderlo es empezar a controlarlo
Sentirte exhausta en torno a la ovulación no significa que “estás débil” ni que “te falta actitud”. En muchas mujeres, esa fatiga es la expresión de un sistema ya inflamado (intestino hiperpermeable, subinflamación crónica sistémica), un tejido conectivo enfermo (lipedema), una mecánica inestable (hiperlaxitud ligamentosa en tobillo-rodilla-cadera) y una respuesta hormonal cíclica que amplifica todo a la vez.
Nuestro trabajo es identificar qué parte pesa más en tu caso —eje hormonal, congestión linfática de piernas, intestino hiperpermeable, fatiga muscular por sobrecompensación mecánica— y actuar sobre esa causa. El objetivo no es que “lo aguantes mejor”. El objetivo es que vuelvas a sentirte dueña de tu energía.



