Trastornos del sistema linfático: Impacto en la salud de las piernas y su tratamiento

Trastornos del sistema linfático

Los trastornos del sistema linfático afectan de forma directa a la salud de las piernas y suelen manifestarse a través de hinchazón, pesadez, dolor o sensación de rigidez persistente. Cuando el sistema linfático no funciona correctamente, el cuerpo pierde parte de su capacidad para drenar líquidos y sustancias inflamatorias, lo que acaba repercutiendo en la movilidad y en la calidad de vida.

En Clínica Simarro somos especialistas en identificar este tipo de alteraciones, porque con frecuencia están asociadas al lipedema, una enfermedad en la que el sistema linfático juega un papel mucho más central de lo que se pensaba hasta hace poco. En este artículo te explicamos qué ocurre realmente en el sistema linfático de las piernas cuando existe lipedema, y qué opciones de tratamiento existen.

El sistema linfático de las piernas: mucho más que un simple drenaje

El sistema linfático cumple una función esencial: drena los líquidos y las proteínas que se acumulan en los tejidos, transporta grasas y participa activamente en la respuesta inmunitaria. En las piernas, esta función es especialmente exigente porque la gravedad trabaja en contra del retorno linfático. Cualquier alteración se traduce rápidamente en hinchazón, pesadez y congestión.

Lo que muchas personas no saben es que el sistema linfático superficial de las piernas discurre principalmente por un canal profundo llamado compartimento safeno, un corredor estrecho que recorre la pierna por dentro y que contiene también la vena safena mayor y el nervio safeno.

Este compartimento actúa como una bomba: durante la marcha, la presión que ejercen las fascias sobre su contenido impulsa la linfa hacia arriba, hacia los ganglios inguinales. Cuando esta bomba falla, el drenaje linfático superficial se deteriora de forma significativa. Y en el lipedema, este es precisamente uno de los primeros problemas que aparece.

Por qué el lipedema compromete el sistema linfático desde dentro

En el lipedema, la grasa no se acumula de forma uniforme. Una parte de esa acumulación ocurre dentro del propio compartimento safeno, invadiendo un espacio que no está diseñado para almacenar grasa. Cuando esto sucede, la grasa comprime los colectores linfáticos, la vena safena y el nervio safeno que discurren por ese canal.

El resultado es un deterioro progresivo del drenaje linfático superficial. Las piernas empiezan a acumular tensión, líquido y sustancias inflamatorias que no pueden eliminarse con eficacia. Y a diferencia del sistema venoso —que puede recurrir al sistema venoso profundo a través de las venas perforantes como vía alternativa— el sistema linfático superficial no tiene una vía equivalente de escape. La congestión, por tanto, se hace cada vez más pronunciada con el tiempo.

Además, la misma vulnerabilidad del tejido conectivo que caracteriza al lipedema hace que la fascia safena sea más laxa de lo normal, lo que reduce la eficacia de esa bomba fascial de forma independiente al volumen de grasa acumulada.

En nuestra cohorte de 1.803 pacientes —la mayor publicada en el mundo sobre lipedema, recogida en Biomedicines 2025— más del 95% presentaba hiperlaxitud ligamentosa, y la elastografía del compartimento safeno mostró alteraciones en el 99,3% de los muslos superiores y en el 97,7% de los muslos inferiores evaluados.

Uno de los signos más importantes: el pie respetado

En el lipedema, uno de los signos diagnósticos más característicos es que el pie no se hincha. El volumen se detiene justo en el tobillo, generando ese contraste tan llamativo que muchas pacientes describen como «llevar unas botas invisibles permanentes». El pie respetado es la señal de que, aunque el sistema linfático superficial ya está deteriorado, el sistema linfático profundo todavía funciona y es capaz de drenar el pie con eficacia.

De lipedema a flebolinfolipedema: cuando el pie ya no está respetado

Cuando el lipedema no se trata y progresa hacia su fase más avanzada, algo importante cambia: el pie empieza a hincharse. Y esto tiene una explicación muy concreta.

En esta fase terminal, la compresión progresiva y la inflamación crónica han acabado afectando también al sistema linfático profundo, que hasta ese momento había mantenido el pie libre de edema.

Cuando el drenaje profundo fracasa, ya no queda ninguna vía de escape para el líquido linfático, ni en la pierna ni en el pie. El edema lo invade todo.

Pero no solo falla el sistema linfático. En esta fase avanzada, el sistema venoso superficial también queda comprometido: aunque el drenaje venoso principal se realiza por el sistema venoso profundo, el sistema venoso superficial contribuye entre el 10 y el 20% del retorno venoso total, y cuando ese sistema queda deteriorado aparecen las varices y se agrava la congestión general.

Por eso en el Instituto del Lipedema consideramos que esta fase debería llamarse flebolinfolipedema, un término que refleja con precisión los tres sistemas afectados: venoso superficial, linfático —tanto superficial como profundo— y adiposo. El término lipolinfedema, usado hasta ahora en la literatura, no recoge el componente venoso ni la afectación del sistema linfático profundo, y es por tanto incompleto.

Cuando una paciente con lipedema empieza a notar que su pie se hincha, es una señal de alarma que indica que la enfermedad ha avanzado a esta fase y que el tratamiento ya no puede demorarse más.

Señales de que el sistema linfático puede estar afectado

Hinchazón que no desaparece con el reposo, sensación de piernas pesadas desde primera hora del día, dolor asociado a inflamación, rigidez progresiva en tobillos y pantorrillas, y piel que con el tiempo cambia de textura. Cuando el pie empieza a hincharse en una paciente con lipedema conocido, la progresión a flebolinfolipedema debe considerarse de inmediato.

Cómo lo abordamos en Clínica Simarro

El primer paso es un diagnóstico completo que valore el estado del compartimento safeno, el tejido graso y el sistema venolinfático. Para ello utilizamos ecografía y elastografía —que nos permiten ver y medir la rigidez de los tejidos sin ninguna prueba invasiva—, eco-Doppler para valorar la circulación venosa, y bioimpedanciometría para analizar la composición corporal y el componente líquido.

Cuando existe lipedema, la fase de tratamiento activo combina la Lipomesoplastia M.S.E. © (Múltiple, Simétrica y Ecoguiada) —que reduce el tejido graso que comprime el compartimento safeno, restaurando progresivamente la eficacia de la bomba fascial— con una dieta cetogénica antiinflamatoria que reduce la inflamación sistémica y mejora el entorno en el que trabaja el sistema linfático.

Una vez conseguida la mejoría, un estilo de comida no inflamatorio mantiene los resultados de forma sostenible.

Los trastornos del sistema linfático no deben subestimarse ni tratarse de forma aislada. Si convives con hinchazón, pesadez o molestias persistentes en las piernas, en el Instituto del Lipedema podemos darte una valoración completa y un plan de tratamiento real. Contáctanos: tu sistema linfático merece más que un drenaje temporal.

Preguntas frecuentes sobre los trastornos del sistema linfático

¿La hinchazón linfática es reversible?

En muchos casos, sí. Con un tratamiento adecuado es posible reducir la congestión y mejorar los síntomas.

¿Todos los trastornos linfáticos son linfedema?

No. Existen alteraciones funcionales del sistema linfático que no llegan a ser un linfedema establecido.

¿El lipedema puede afectar al sistema linfático?

Sí. Con el tiempo, la inflamación y el aumento de volumen pueden sobrecargar el sistema linfático.

¿Sospechas que puede ser lipedema?

En una primera valoración te orientamos, resolvemos dudas y te explicamos opciones de tratamiento según tu caso.

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