Esguinces crónicos: ¿Por qué no sanan y cómo tratarlos de forma eficaz?

esguinces cronicos

Muchas mujeres con lipedema describen lo mismo: se les tuercen los tobillos con frecuencia, a veces sin motivo aparente, pisando mal en un escalón o simplemente caminando por una superficie irregular. Durante años lo han llamado «esguinces crónicos» porque es el término que conocen. Pero en la mayoría de los casos no son esguinces en sentido estricto. Y entender esa diferencia cambia completamente el enfoque del tratamiento.

En Clínica Simarro abordamos este problema desde la causa real, que en pacientes con lipedema tiene un origen muy concreto y bien documentado.

Torcedura y esguince: no es lo mismo

Un esguince es una lesión en la que los ligamentos que estabilizan una articulación se estiran más allá de su límite y se rompen, parcial o totalmente. Esa rotura fibrilar produce inflamación aguda, hematoma, dolor intenso y un tiempo de recuperación que puede ser largo.

Una torcedura, en cambio, es un movimiento brusco y forzado de la articulación que produce dolor y malestar, pero sin rotura estructural del ligamento o de la cápsula articular. El ligamento cede, se distiende, pero no se rompe.

¿Por qué importa esta distinción? Porque en mujeres con lipedema lo que ocurre habitualmente son torceduras recurrentes sin esguince real. Y la razón tiene una explicación biológica muy precisa.

La hiperlaxitud: el origen de todo

En nuestra cohorte de 1.803 pacientes —el mayor estudio clínico publicado en el mundo sobre lipedema, recogido en Biomedicines 2025— el 61% refería torceduras recurrentes de tobillo. No esguinces con rotura fibrilar: torceduras. Y el 95,8% presentaba hiperlaxitud ligamentosa, con una puntuación media de 7,5 sobre 9 en la escala de Beighton.

La hiperlaxitud ligamentosa significa que los ligamentos son estructuralmente más laxos de lo normal. Tienen mayor capacidad de estiramiento. Esto tiene una consecuencia paradójica: cuando la articulación se fuerza en un movimiento brusco, el ligamento cede con facilidad —de ahí la torcedura— pero precisamente porque es tan elástico, no llega a romperse. No hay rotura fibrilar. No hay esguince.

Lo que sí hay es una articulación que nunca tiene la firmeza que necesita. Cada torcedura refuerza la inestabilidad, porque el ligamento que ya era laxo se estira un poco más. Con el tiempo, la articulación se vuelve progresivamente más inestable, más propensa a nuevas torceduras, y la paciente entra en un círculo que se perpetúa solo.

Por qué se repiten las torceduras aunque no haya lesión

Cuando los ligamentos no sujetan bien las articulaciones, los músculos tienen que compensar esa falta de firmeza trabajando en exceso. Este sobreesfuerzo continuo genera fatiga muscular precoz, y un músculo fatigado responde peor ante un movimiento inesperado. El tobillo se tuerce porque en el momento crítico, ni el ligamento laxo ni el músculo agotado han podido estabilizar la articulación a tiempo.

A esto se suma que la inflamación crónica del lipedema afecta a la capacidad del músculo para fortalecerse. Por mucho ejercicio que se haga, el músculo inflamado no gana fuerza con normalidad. La inestabilidad persiste y las torceduras se repiten.

En nuestra experiencia clínica, muchas pacientes refieren además que esas torceduras ocurren en situaciones cotidianas: bajando un bordillo, pisando en falso, caminando por terreno irregular. No hace falta un traumatismo significativo. La articulación hiperlaxo simplemente cede ante estímulos que una articulación normal manejaría sin problema.

Las consecuencias a largo plazo de ignorar la causa

Una torcedura sin rotura no requiere cirugía ni inmovilización prolongada. Pero si la causa subyacente —la hiperlaxitud y la inestabilidad articular— no se aborda, las consecuencias acumuladas son importantes.

Cada torcedura repetida genera microlesiones en el cartílago y en las estructuras periarticulares. Con el tiempo, esto acelera el desgaste articular y favorece la aparición de artrosis precoz en tobillos, rodillas y caderas. El dolor que empieza siendo puntual se vuelve persistente. La marcha se modifica de forma inconsciente para proteger la articulación inestable, y esa compensación acaba generando dolor en la espalda, las caderas y las rodillas.

Además, el miedo a la torcedura lleva a reducir la actividad física, lo que debilita aún más la musculatura y empeora la inestabilidad. Un círculo vicioso que solo se rompe actuando sobre la causa.

Cómo lo abordamos en Clínica Simarro

El primer paso es un diagnóstico completo que valore el grado de hiperlaxitud, el estado de las articulaciones y la presencia de lipedema. Cuando existe lipedema, la fase de tratamiento activo combina la Lipomesoplastia M.S.E. © (Múltiple, Simétrica y Ecoguiada) —que reduce el tejido graso inflamado y alivia la carga sobre las articulaciones ya inestables— con una dieta cetogénica antiinflamatoria que mejora la capacidad del músculo para fortalecerse y recuperar su función estabilizadora.

Este abordaje se complementa con trabajo específico de estabilización articular y reeducación de la marcha. Una vez conseguida la mejoría, el estilo de comida no inflamatorio mantiene los resultados de forma sostenible.

Preguntas frecuentes sobre esguinces crónicos

¿Una torcedura frecuente es siempre un esguince? 

No. En mujeres con hiperlaxitud ligamentosa, las torceduras recurrentes no implican rotura fibrilar. El ligamento cede pero no se rompe.

¿Por qué me sigo torciendo el tobillo aunque no tenga ninguna lesión?

Porque la causa no es la lesión sino la laxitud del ligamento y la inestabilidad articular que genera. Sin tratarla, las torceduras se repetirán.

¿El lipedema puede causar inestabilidad en los tobillos? 

Sí. La hiperlaxitud ligamentosa está presente en más del 95% de nuestras pacientes con lipedema y es la causa principal de las torceduras recurrentes.

Las torceduras frecuentes no son mala suerte ni torpeza. Son una señal de que la articulación necesita atención. En el Instituto del Lipedema podemos ayudarte a entender por qué ocurren y a recuperar la estabilidad que mereces. Contáctanos.

¿Sospechas que puede ser lipedema?

En una primera valoración te orientamos, resolvemos dudas y te explicamos opciones de tratamiento según tu caso.

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