La descompensación de cadera es un problema frecuente que suele manifestarse como dolor, sensación de inestabilidad o sobrecarga en la zona de la cadera, la pelvis o la región lumbar. Muchas personas la describen como la sensación de que “algo no encaja” al caminar o al permanecer de pie durante tiempo prolongado.
Aunque a menudo se interpreta como un problema localizado en la propia cadera, en realidad suele ser la consecuencia de una alteración más global del aparato locomotor.
En la práctica clínica de Clínica Simarro, observamos que en mujeres con lipedema la descompensación de cadera forma parte de un patrón más amplio que afecta a todo el tren inferior. Este patrón está condicionado principalmente por la hiperlaxitud ligamentosa, la distribución de cargas, la inflamación crónica de bajo grado y su evolución con la edad y el peso. Entender este mecanismo es esencial para comprender por qué la cadera acaba sufriendo.
Síntomas y manifestaciones habituales de la descompensación de cadera
La descompensación de cadera puede expresarse de múltiples formas, lo que explica por qué a menudo se confunde con otros problemas musculares o articulares. El dolor puede localizarse en la propia cadera, en el glúteo o en la zona lumbar, y en ocasiones irradiarse hacia la rodilla o incluso el tobillo. Otros síntomas frecuentes incluyen:
- Sensación de que una pierna es más corta que la otra.
- Dificultad para caminar de forma recta o sensación de inestabilidad al andar.
- Desgaste desigual del calzado.
- Dolor pélvico o lumbar que empeora al estar de pie o caminar durante tiempo prolongado.
- Fatiga muscular precoz en la zona de la cadera y la espalda baja.
En mujeres con lipedema, estos síntomas suelen aparecer de forma progresiva y se hacen más evidentes con el paso de los años o con el aumento de peso.
Hiperlaxitud ligamentosa: el origen del cambio en el apoyo y la marcha
Hemos demostrado científicamente en nuestra publicación que el lipedema se asocia de forma consistente a hiperlaxitud ligamentosa, una alteración del tejido conjuntivo que afecta a ligamentos y fascias. Esta hiperlaxitud no actúa sobre una sola articulación, sino sobre todo el tren inferior.
Cuando los ligamentos son más laxos de lo normal, el apoyo del pie en el suelo deja de ser estable. El tobillo pierde precisión, la rodilla tiende a “ceder” y la pierna deja de funcionar como un eje sólido. Como consecuencia, la forma de caminar cambia, aunque muchas veces este cambio es sutil y pasa desapercibido para la paciente.
El cuerpo intenta adaptarse a este apoyo inestable modificando la marcha. Se producen pequeños ajustes en cada paso para mantener el equilibrio. Estos ajustes se transmiten hacia arriba: del tobillo a la rodilla, de la rodilla a la cadera y de la cadera a la pelvis y la columna lumbar. La cadera, que es una articulación clave en la transmisión de cargas, se ve obligada a compensar constantemente.
Con el tiempo, esta compensación continua genera una desalineación funcional de la pelvis y una sobrecarga asimétrica de la cadera. No es que la cadera “falle” de forma aislada, sino que sufre las consecuencias de un patrón de apoyo alterado en todo el tren inferior.
Edad y peso: factores que agravan la descompensación
En fases tempranas, especialmente en mujeres jóvenes, el cuerpo suele compensar mejor estas alteraciones. Sin embargo, con la edad, la capacidad de compensación disminuye. La musculatura estabilizadora se fatiga antes y la cadera empieza a trabajar en desventaja biomecánica.
A esto se suma el peso. En el lipedema, el aumento de volumen del tejido adiposo en muslos, caderas y glúteos desplaza el centro de gravedad y aumenta la carga que debe soportar una articulación ya inestable. Cuanto mayor es el peso, mayor es la exigencia sobre una cadera que está compensando una marcha alterada. Por eso observamos que las lesiones y la descompensación de cadera aumentan con la edad y con el incremento de peso.
El papel de la inflamación crónica
Además del componente mecánico, el lipedema se asocia a un estado de subinflamación crónica sistémica, frecuentemente relacionado con hiperpermeabilidad intestinal. Esta inflamación aumenta la sensibilidad al dolor y dificulta la recuperación muscular, haciendo que la cadera tolere peor una biomecánica desfavorable.
Un abordaje integral para tratar la descompensación de cadera
La descompensación de cadera no debe abordarse solo como un problema local.
- Nutrición como base del tratamiento: Reducir la inflamación crónica y controlar el peso ayuda a disminuir la carga mecánica y a frenar la progresión del problema.
- Movimiento terapéutico orientado a la estabilidad: El objetivo es mejorar el control del apoyo y la estabilidad del tren inferior mediante ejercicios de bajo impacto y fortalecimiento específico de cadera y pelvis. El impacto mal tolerado suele empeorar la descompensación.
- Tratamientos médicos no quirúrgicos: En pacientes con lipedema, técnicas como la lipomesoplastia M.S.E.® y la lipoxiterapia pueden ayudar a mejorar el entorno tisular y reducir volumen, contribuyendo a normalizar la biomecánica con el tiempo.
La cadera no se descompensa sola. En el lipedema, la hiperlaxitud ligamentosa cambia la forma de apoyar, altera la marcha y acaba sobrecargando toda la cadena del tren inferior, incluida la cadera. Comprender este proceso permite intervenir antes, con un enfoque global, y evitar que el dolor y la limitación se cronifiquen. ¡Pide tu cita en Clínica Simarro!



